Experiencias: Poliedra

Poliedra

abril, 2026

Las microalgas no compiten con terrenos agrícolas, pueden crecer en distintas fuentes de agua y su composición (dependiendo de la cepa) es extraordinariamente rica y guarda un notable parecido con la del petróleo.

Nunca ha habido un momento mejor para emprender; las nuevas tecnologías (incluida la inteligencia artificial) nos permiten crear casi cualquier cosa a una velocidad inimaginable.

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Poliedra es una startup, dedicada a la investigación y desarrollo de productos y servicios innovadores basados en microalgas. 

En el marco del Concurso de Iniciativas Innovadoras para Fomentar la Bioeconomía en Enkarterri, financiado por el Gobierno Vasco a través de la Fundación Hazi, dimos nuestros primeros pasos. En esta etapa inicial desarrollamos nuestra propia tecnología de cultivo (un primer prototipo de fotobiorreactor) y establecimos un protocolo preliminar para el cultivo de microalgas en efluentes de la cervecera Laugar Brewery, en colaboración con la UPV/EHU, la Estación Marina de Plentzia (PiE) y San Viator Sopuerta. Actualmente seguimos optimizando esta tecnología mientras avanzamos hacia nuevas líneas de desarrollo.

Hoy nos encontramos en fase de I+D, centrados en la bioluminiscencia marina: ese fenómeno por el que el fitoplancton, al agitarse, produce destellos de luz azul mediante una reacción química. Es lo que ocurre cuando el mar brilla en la oscuridad, lo que aquí conocemos como mar de ardora, un espectáculo efímero e impredecible, comparable a las auroras boreales, pero cuya aparición puede atraer una afluencia masiva de personas que termina dañando el ecosistema que lo hace posible.

Esta línea de desarrollo busca hacer accesible esta experiencia de forma sostenible y controlada. Estamos creando un producto novedoso, capaz de reproducir la bioluminiscencia marina en espacios turísticos y artísticos, dando lugar a experiencias inmersivas y multisensoriales con un fuerte componente emocional y científico. Además, la luz azul asociada a este fenómeno tiene efectos fisiológicos medibles, ya que influye en el ritmo circadiano, favorece la relajación y mejora el procesamiento cognitivo. Todo esto, teniendo como eje la sostenibilidad y la seguridad.

¿Cuál es vuestro valor añadido?

Nuestra nueva línea de productos basada en la bioluminiscencia es pionera a nivel mundial, actualmente no existe un producto como el que estamos desarrollando en el mercado.

Nuestro objetivo es trasladar a nuevos entornos una experiencia que hoy solo se produce de forma espontánea en contados rincones del planeta, haciéndolo de manera segura y sostenible, sin alterar los ecosistemas que la hacen posible. Se trata, además, de una propuesta que incorpora beneficios fisiológicos medibles asociados a la exposición a la luz azul.

Por otra parte, creemos en la economía circular y por la revalorización de residuos (ya se trate de CO₂, de efluentes u otros) como base para la creación de productos de alto valor añadido, un enfoque que integraremos de forma progresiva en nuestros desarrollos.

¿Qué personas conforman “Poliedra”?

Poliedra está formada actualmente por dos co-fundadores: Carlos Andrés Mariño Quintero, CTIO (Director de Tecnología e Innovación), y María Margarita Arenas, CEO (Directora Ejecutiva). Además, contamos con acuerdos de colaboración con asesores científicos y de negocio.

¿Cuáles han sido vuestros principales desafíos en estos meses y cómo los habéis superado?

Uno de los principales desafíos ha sido lanzarnos a emprender en biotecnología, un sector apasionante que ha cambiado y seguirá cambiando el mundo, pero caracterizado por desarrollos largos y complejos, altamente regulados y con un “valle de la muerte” más largo y profundo. Todo ello en un contexto en el que los mercados y el entorno geopolítico cambian muy rápido, a veces en cuestión de días. Trabajar en algo que puede tardar años en llegar al mercado genera una incertidumbre constante. Aprender a navegar con calma en este océano ha sido, sin duda, uno de los mayores retos.

¿Qué nuevos proyectos tenéis entre manos?

Actualmente nos encontramos en plena fase de I+D. Prevemos disponer de un PMV entre finales de este año y comienzos del próximo, con el objetivo de iniciar su validación en entornos hosteleros y artísticos de Euskadi.

A futuro, esta tecnología (basada en la extracción de luciferina y luciferasa de dinoflagelados) permitirá desarrollar diversas aplicaciones, especialmente en el ámbito de la biología molecular.

¿Cómo visualizas a la empresa en 10 años? (gama de productos, mercados, empleados, …)

En un horizonte de diez años, aspiramos a contar con una primera línea de productos consolidada en el mercado, con tracción comercial y presencia en varios mercados internacionales. Para una empresa biotecnológica, alcanzar este nivel de desarrollo en ese plazo supondría un hito relevante.

Nos interesa especialmente el segmento de lujo y ultralujo, con foco en mercados como Oriente Medio, Asia y Europa, donde prevemos crecer de forma progresiva y selectiva.

Sobre esa base, nuestra visión a largo plazo es seguir explorando nuevas oportunidades. Las microalgas presentan un potencial extraordinario: pueden crecer en distintos tipos de agua, no compiten con suelos agrícolas, capturan CO₂ y cuentan con una composición química altamente versátil.

¿Cómo os ha ayudado el sector público vasco?

El sector público nos ha acompañado desde el primer día. Llegamos a Euskadi a través de Bizkaia Talent, una institución que nos brindó asesoría y apoyo en nuestro proceso migratorio y de integración, incluso antes de dar el salto al emprendimiento.

La Universidad del País Vasco, a través del máster MBAe3, fue fundamental para nosotros: nos ayudó a integrarnos y a conocer el ecosistema emprendedor de Euskadi (instituciones públicas y privadas, centros tecnológicos, mentores, otros emprendedores). De hecho, fue gracias al máster como conocimos a la Fundación Hazi.

La Fundación Hazi cuenta con asesores de emprendimiento que te ayudan a conectar con el entorno y a resolver problemas. Tiene programas de ayudas dirigidos al sector rural y, en nuestro caso, participamos en un concurso de iniciativas innovadoras para impulsar la bioeconomía en Enkarterri organizado por ellos. Como mencioné al inicio, este fue nuestro punto de partida en el mundo del emprendimiento. La fundación también dispone de Kabia, una plataforma con foros, noticias relevantes y posibilidades de contacto con otros actores del ecosistema. Los Jueves de Emprendimiento ofrecen formaciones de gran interés, y además cuentan con una plataforma de cursos en línea. Es realmente impresionante la cantidad de apoyo que ofrecen.

¿Qué le recomendarías a alguien que está comenzando?

Un trabajo por cuenta ajena puede parecer la opción más cómoda y segura, pero muchos empleos actuales podrían desaparecer de un día para otro con el auge de la IA y la automatización. 

Emprender es arriesgado, pero también es una forma de abrir camino y aprovechar las oportunidades que trae el cambio. Además, nunca ha habido un momento mejor para emprender; las nuevas tecnologías (incluida la inteligencia artificial) nos permiten crear casi cualquier cosa a una velocidad inimaginable. Les diría que se atrevan, que no esperen a saberlo todo o a tenerlo todo resuelto.

¿Qué tendencias prevéis en el sector de las microalgas en Euskadi?

Creemos que estamos ante un momento muy prometedor para el sector de las microalgas. Están surgiendo nuevos hubs especializados, como algakin aquí en Euskadi, existe una base de décadas de investigación sólida y la tecnología es cada vez más accesible.

Las microalgas, como ya viene ocurriendo, irán reemplazando progresivamente muchas de las aplicaciones actuales de los derivados del petróleo: fertilizantes, combustibles, aditivos alimentarios… Además, constituyen una fuente extraordinaria de proteína, Omega 3 y tienen una gran capacidad de captación de CO₂.

Es atrevido decirlo, pero cuando estuvimos analizando las curvas de crecimiento del mercado del petróleo en sus inicios y las de las microalgas, el parecido es sorprendente. En un contexto marcado por las crisis geopolíticas y ambientales, creo que este sector ganará un enorme protagonismo y se convertirá en uno de los grandes motores del cambio.

A esto se suma una ventaja diferencial muy relevante: las microalgas no compiten con terrenos agrícolas, pueden crecer en distintas fuentes de agua y su composición (dependiendo de la cepa) es extraordinariamente rica y guarda un notable parecido con la del petróleo.

¿En qué ámbitos es necesaria la innovación actualmente para el sector de las microalgas (tecnológico, regulatorio, social, etc.)?

Uno de los mayores retos (y el principal talón de Aquiles del sector) sigue siendo el coste de producción. Abaratarlo es clave para que las soluciones basadas en microalgas puedan competir en el mercado de forma real. 

El otro gran desafío es el marco regulatorio. Soy completamente partidaria de la regulación (de hecho, trabajo en ello), pero cuando se vuelve excesivamente rígida y burocrática, puede convertirse en una barrera casi insalvable para una startup. El sector necesita un entorno regulatorio más ágil y adaptado a la realidad del emprendimiento.